viernes, 1 de julio de 2016

Viernes uno: El metamodelo


El miércoles de esta semana, Sebastián, luego de las presentaciones y la lectura cotidiana de los blogs, nos habló acerca del metamodelo. Este método utilizado en las entrevistas y  desarrollado por Grinder y Bandler utiliza las palabras para ahondar en lo que la gente dice, traducir los pensamientos a palabras, sacar a la luz aquello que se esconde en la estructura profunda. Este método utiliza una serie de preguntas, ninguna de ellas ‘¿por qué?, las cuales le permiten al entrevistador extraer información más concisa y detallada, es decir, aquellas preguntas hacen que cualquier información de la cual se necesite mayor precisión o especificidad, vuelva a ser revisada y ampliada por su emisor.  

Como el metamodelo no solo puede ser aplicado en la entrevista, la tarea para los dos días siguientes seria evitar preguntar ‘¿por qué?’ en las conversaciones que tuviéramos desde el miércoles en la tarde hasta el jueves en la noche. En vez de usar esta pregunta, deberíamos emplear otras como ‘¿cómo?’ y ‘¿para qué?, las cuales nos permitieran llegar a información más profunda acerca de la persona con la que estuviéramos hablando y además, como Sebastián lo explicó en clase, la hicieran pensar en su afirmación y examinarla, bien sea para elaborar sobre ella o corregirla.

El miércoles llegué a mi casa temprano, almorcé, y mientras veía series en Netflix me quedé dormida. Cuando me levanté, mi padrastro ya se había ido y sabía que mi mamá no llegaría sino hasta por la noche. La verdad, el sueño pudo conmigo, y a las 9 pm ya estaba lista para ir a dormir, así que el ejercicio  lo debería practicar el jueves. Al siguiente día, llegué a la universidad con el metamodelo en mi cabeza, la primera vez que lo apliqué fue inconscientemente, fue con Samuel, pero como usé un tono sarcástico y nuestra conversación no era muy seria, él solo se rio en vez de responder.

Luego, después de haber tratado practicar el metamodelo en el trayecto de la biblioteca hasta el edificio Giraldo junto María Alejandra y Samuel, entre risas y un poco de frustración, llegamos al salón de la siguiente clase y como si supiera que la necesitábamos, Marcela, nuestra amiga, llegó y fue nuestro ‘conejillo de indias’sentada al frente de nosotros tres hablando de su tiempo como estudiante de biología y de las decisiones que la habían llevado a cambiar de carrera y escoger el diseño industrial como profesión.  A medida que ella hablaba, cada uno de los tres trataba de hacerle preguntas como las que habíamos usado en el taller hecho en clase, sin embargo, el ejercicio con Marcela fue complejo y a la vez gracioso; para mí, lo más difícil fue encontrar la pregunta correcta para hacer en determinado momento y esto hacia que me demorara pensando y cortara el flujo de la conversación. Al finalizar la clase, Marcela y  yo decidimos ir a Unicentro, y mientras esperábamos el transporte me dijo que le había parecido gracioso nuestro interrogatorio de hace unos momentos y que ella pensaba que la estábamos tomando del pelo.  En el centro comercial, pude hacer un poco más el ejercicio, pero nada fue contundente o exitoso desde mi perspectiva.

Por la noche, ya en la comodidad de mi casa, me propuse realizar la actividad con alguno de mis padres, mi mamá estaba trabajando, así que decidí llamar por Skype a mi papá que está en Panamá. Como ya había aprendido de mis errores durante el día, este último intento fue un poco más fructífero. Lo primero que me comentó mi papá fue que ya estaba cotizando nuevos tiquetes para venir a visitarme e hizo especial énfasis en el precio de los boletos: “están a 160 dólares, muy baratos”, ahí supe que debía ponerme el traje de investigadora cualitativa y preguntar: “¿muy baratos comparado con qué?, en su respuesta comparó los precios de otros pasajes adquiridos anteriormente cuyo monto fue de 260 dólares.

Durante la llamada se presentaron otros momentos perfectos para la aplicación de los metamodelos, sin embargo, cuando sucedió lo que llamaríamos una distorsión de lectura de mente, fue gracioso preguntarle,  que lo hacía saber  que yo reaccionaría de cierta manera.  Estábamos hablando de las fechas en las cuales yo podría viajar a Panamá en vez de él venir, le dije que probablemente, agosto sería el mejor mes, ya que las primeras semanas de clase son más suaves que el resto del semestre a lo cual él respondió que le encantaría que yo fuera pero sabía que si durante esos primeros días de universidad, yo debía hacer algún tipo de trabajo, estaría más estresada que relajada durante viaje, o incluso decidiría cancelarlo. Aunque ahí apliqué el método, fue gracioso preguntarle a mi padre como sabía que yo haría eso porque como él me dijo: “yo conozco a un pajarito desde hace 20 años”, es decir, su comentario sí me leyó la mente, por más distorsión que tuviera, creo que a los papás no se les puede decir que distorsionan su posición si están hablando de sus hijos.


Como verán, se me dificultó un poco hacer uso del metamodelo, no obstante, entendí el propósito del mismo y los pequeños éxitos que tuve al hacerlo dieron cuenta de su importancia y beneficios. Sí, en las entrevistas mejora la calidad de la información, pero también consigue que las conversaciones del día a día se vuelvan más interesantes y el intercambio entre los individuos involucrados dure más ya que con diferentes preguntas se abarca el tema con mayor amplitud, cosa que no pasaría si solo preguntáramos ¿por qué?

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