El miércoles de esta semana,
Sebastián, luego de las presentaciones y la lectura cotidiana de los blogs, nos
habló acerca del metamodelo. Este
método utilizado en las entrevistas y desarrollado
por Grinder y Bandler utiliza las palabras para ahondar en lo que la gente
dice, traducir los pensamientos a palabras, sacar a la luz aquello que se
esconde en la estructura profunda. Este método utiliza una serie de preguntas,
ninguna de ellas ‘¿por qué?, las cuales le permiten al entrevistador extraer información
más concisa y detallada, es decir, aquellas preguntas hacen que cualquier información
de la cual se necesite mayor precisión o especificidad, vuelva a ser revisada y
ampliada por su emisor.
Como el metamodelo no solo puede
ser aplicado en la entrevista, la tarea para los dos días siguientes seria
evitar preguntar ‘¿por qué?’ en las conversaciones que tuviéramos desde el miércoles
en la tarde hasta el jueves en la noche. En vez de usar esta pregunta,
deberíamos emplear otras como ‘¿cómo?’ y ‘¿para qué?, las cuales nos
permitieran llegar a información más profunda acerca de la persona con la que estuviéramos
hablando y además, como Sebastián lo explicó en clase, la hicieran pensar en su
afirmación y examinarla, bien sea para elaborar sobre ella o corregirla.
El miércoles llegué a mi casa
temprano, almorcé, y mientras veía series en Netflix me quedé dormida. Cuando
me levanté, mi padrastro ya se había ido y sabía que mi mamá no llegaría sino
hasta por la noche. La verdad, el sueño pudo conmigo, y a las 9 pm ya estaba
lista para ir a dormir, así que el ejercicio lo debería practicar el jueves. Al siguiente
día, llegué a la universidad con el metamodelo en mi cabeza, la primera vez que
lo apliqué fue inconscientemente, fue con Samuel, pero como usé un tono sarcástico
y nuestra conversación no era muy seria, él solo se rio en vez de responder.
Luego, después de haber tratado practicar
el metamodelo en el trayecto de la biblioteca hasta el edificio Giraldo junto María
Alejandra y Samuel, entre risas y un poco de frustración, llegamos al salón de
la siguiente clase y como si supiera que la necesitábamos, Marcela, nuestra
amiga, llegó y fue nuestro ‘conejillo de indias’sentada al frente de nosotros tres
hablando de su tiempo como estudiante de biología y de las decisiones que la habían
llevado a cambiar de carrera y escoger el diseño industrial como profesión. A medida que ella hablaba, cada uno de los
tres trataba de hacerle preguntas como las que habíamos usado en el taller
hecho en clase, sin embargo, el ejercicio con Marcela fue complejo y a la vez
gracioso; para mí, lo más difícil fue encontrar la pregunta correcta para hacer
en determinado momento y esto hacia que me demorara pensando y cortara el flujo
de la conversación. Al finalizar la clase, Marcela y yo decidimos ir a Unicentro, y mientras esperábamos
el transporte me dijo que le había parecido gracioso nuestro interrogatorio de
hace unos momentos y que ella pensaba que la estábamos tomando del pelo. En el centro comercial, pude hacer un poco más
el ejercicio, pero nada fue contundente o exitoso desde mi perspectiva.
Por la noche, ya en la comodidad
de mi casa, me propuse realizar la actividad con alguno de mis padres, mi mamá
estaba trabajando, así que decidí llamar por Skype a mi papá que está en
Panamá. Como ya había aprendido de mis errores durante el día, este último
intento fue un poco más fructífero. Lo primero que me comentó mi papá fue que
ya estaba cotizando nuevos tiquetes para venir a visitarme e hizo especial
énfasis en el precio de los boletos: “están a 160 dólares, muy baratos”, ahí
supe que debía ponerme el traje de investigadora cualitativa y preguntar: “¿muy
baratos comparado con qué?, en su respuesta comparó los precios de otros
pasajes adquiridos anteriormente cuyo monto fue de 260 dólares.
Durante la llamada se presentaron
otros momentos perfectos para la aplicación de los metamodelos, sin embargo,
cuando sucedió lo que llamaríamos una distorsión de lectura de mente, fue gracioso
preguntarle, que lo hacía saber que yo reaccionaría de cierta manera. Estábamos hablando de las fechas en las cuales
yo podría viajar a Panamá en vez de él venir, le dije que probablemente, agosto
sería el mejor mes, ya que las primeras semanas de clase son más suaves que el
resto del semestre a lo cual él respondió que le encantaría que yo fuera pero
sabía que si durante esos primeros días de universidad, yo debía hacer algún tipo
de trabajo, estaría más estresada que relajada durante viaje, o incluso
decidiría cancelarlo. Aunque ahí apliqué el método, fue gracioso preguntarle a
mi padre como sabía que yo haría eso porque como él me dijo: “yo conozco a un
pajarito desde hace 20 años”, es decir, su comentario sí me leyó la mente, por
más distorsión que tuviera, creo que a los papás no se les puede decir que
distorsionan su posición si están hablando de sus hijos.
Como verán, se me dificultó un
poco hacer uso del metamodelo, no obstante, entendí el propósito del mismo y
los pequeños éxitos que tuve al hacerlo dieron cuenta de su importancia y
beneficios. Sí, en las entrevistas mejora la calidad de la información, pero también
consigue que las conversaciones del día a día se vuelvan más interesantes y el
intercambio entre los individuos involucrados dure más ya que con diferentes
preguntas se abarca el tema con mayor amplitud, cosa que no pasaría si solo preguntáramos
¿por qué?
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