lunes, 27 de junio de 2016

El mundo espiritual es néctar


Eran las 6:26 y María José y yo corríamos para llegar al templo de Sri Sri Goura Nitay también conocido como la Academia Vaisnava en la Avenida Caracas con calle 32. Pensamos que llegaríamos tarde ya que la actividad, según lo comentado por la señorita al teléfono, comenzaba a las 6 de la tarde, sin embargo tuvimos que esperar casi media hora más para aprender de la cultura Hare Krishna.

Por las fotos de internet y mi experiencia en los templos budistas que visité en China, pensé que este templo sería amplio y silencioso no obstante al llegar y ver a través de la dorada reja que resguardaba el edificio, me di cuenta que podría no ser así, el ruido de la Caracas invadía el ambiente tranquilo que las amarillas paredes y pequeñas estatuas de elefantes que se notaban a primera vista, pretendían construir. Una vez dentro, confirmé mi desilusión, los pasillos de piso naranja, el cual contrastaba con los altos techos blancos con columnas adornadas, eran estrechos, el restaurante o tienda vegetariana se veía descuidada y todo estaba desorganizado, incluso los cuadros con imágenes de la diosa Caitana se encontraban chuecos.




En todo el frente del templo, ya traspasando la reja, se ubicaba la entrada con el nombre de la academia y una flor de loto pintada en la parte superior. Esta entrada conducía a unas escaleras descendentes que dirigían hacia un lugar subterráneo el cual se veía un poco sospechoso por lo que volteé junto a mi amiga hacia la derecha, encaminándonos al restaurante vegano. Nuestras expresiones de desorientación hicieron que una joven de estilo ‘alternativo’ o bohemio nos indicara donde se cantaban las govindas o mantras, para mi sorpresa, era bajando las escaleras de tan sospechoso aspecto que habíamos evitado hace segundos.

Al bajar, las escaleras nos encontramos dentro de un salón en forma de ‘L’ inversa casi vacío, los techos eran mucho más bajos y las paredes ahora, blancas. A la izquierda estaba el pequeño lugar donde haríamos la ceremonia arctic, pero antes de pasar a él debíamos dejar nuestros zapatos afuera, en unos anchos pero bajos estantes de madera pintados de azul a lado y lado del pasadizo. Entramos a la sala, más ancha que larga (mirando hacia el sur), la cálida y tenue iluminación de este espacio junto al suave pero perceptible olor a incienso, contrastaban con el salón donde habíamos estado hace segundos. En ambos extremos del lugar se hallaban altares, uno con imágenes de monjes, seguramente importantes, adornados con velas y flores y otro cercado por un hermoso trabajo en madera, escondido detrás de una cortina café.

 Los asistentes al evento en el momento que llegamos eran un hombre y una mujer de aproximadamente cuarenta años, rezando a los altares y dos jóvenes vestidos con las túnicas propias de los krishna hablando de su experiencia en la comunidad vaisnava. Después de unos minutos, otra mujer, también de 30 años, entró al salón y al hacerlo tocó la campana que se hallaba al frente del pasadizo, cuando la vi hacer esto me sentí apenada e ignorante, porque ni María José ni yo habíamos realizado esa actividad al entrar, y por esta razón creo que recibimos las miradas de sorpresa cuando llegamos, más adelante conoceríamos que este ritual se hace con el fin de mantener lejos las malas energías y despejar la mente.



En medio de más imágenes de la diosa Caitana, muebles de madera pegados a la pared con grabados de flores de loto, comenzaron a llegar más personas, la mayoría de ellos, jóvenes hombres que parecían haber venido directamente de sus trabajos o universidades. De repente, las cortinas del altar principal se abrieron y salió un hombre con una túnica atada en su torso y otra en sus piernas formando algo similar a un pantalón holgado, habló unos segundos con los jóvenes que se encontraban sentados cuando llegamos, volvió detrás de bambalinas y abrió las cortinas dejando ver dos medianas figuras de dioses Krishna que probablemente eran Krishna mismo. El altar estaba lleno de flores, muchas de ellas parecían sintéticas, de velas, incienso, portarretratos con fotos que no eran visibles debido al reflejo de la blanca luz que las iluminaba y un mantel morado que hacía un lindo contraste con todos los demás elementos, en especial, el aspecto metálico de las figuras mencionadas anteriormente. El dirigente salió del altar nuevamente e hizo sonar una caracola indicando el inicio de la ceremonia, posteriormente, nos arrodillamos mirando hacia el norte, tocando nuestras rodillas con la cabeza para luego extender el cuerpo sobre el suelo. Cuando volvimos a estar de pie, cada joven devoto y de vestimenta particular, tomó una especie de tambor, lo cruzó sobre su hombro y juntos, empezaron a tocar. Al lado derecho de la sala se encontraban los mantras escritos en una tela naranja de más o menos, un cuarto de pliego, esta sería la guía que seguiríamos todos durante la ceremonia.

Mientras se hacían los govindas, todos aplaudíamos y cantábamos respondiendo a los devotos, (algo así como un salmo responsorial en el catolicismo), entre tanto, frente a nosotros el monje dirigente dibujaba círculos en el aire con incienso, caracolas con incienso, una rosa, algo parecido a un plumero de fibras naturales y una tetera llena de agua. Se prolongó este ritual por más o menos 45 minutos donde el monje salió dos veces para hacernos oler la rosa y rociarnos con un poco del agua de la tetera.

En medio de esto llegó una muchacha con una pashmina encima de su cabeza y falda larga, verde y amarilla con diminutos apliques brillantes. Ella llamo mucho mi atención, ya que, mientras los demás asistentes participaban con sus sosos aplausos y ligeros movimientos, ella demostraba su entusiasmo y satisfacción de estar en ese lugar a pesar de estar descalza sobre el charco formado por una filtración de agua. A través de su pashmina podía vislumbrar la sonrisa que llevaba en su cara cada vez que pronunciaba los mantras: “hare krishna, hare krishna, krishna, krishna, hare, hare, hare rama, hare rama, rama, rama, hare hare”. Su falda se movía de lado a lado al compás de los tambores que para ese momento ya habían aumentado su tempo acompañados de una guacharaca y una tambora, fue muy gracioso ver como los colombianos apropiamos todo lo que llega al país y le agregamos una pizca de nuestro sabor y alegría a todo.

Finalmente, el monje dirigente salió nuevamente del altar, hizo sonar su caracola, nos arrodillamos por última vez y se dio conclusión a la ceremonia arctic. Posteriormente, tomó el mando otro monje argentino quien había aparecido después de haber empezado el ritual ya culminado. Nos pidió que nos sentáramos en el suelo, sacó un nuevo instrumento que mezclaba el teclado del piano con la cámara de aire de un acordeón, recitamos algunos otros mantras con él para luego hablar brevemente de la cultura Krishna. Primero platicó sobre el desarrollo científico detrás de los mantras, nos comentó que esos cantos en conjunto con los sonidos de los instrumentos creados por los monjes hace miles de años, resuenan en el cuerpo y los chacras, purificando y limpiando nuestra atmósfera interna. Según la experiencia que había acabado de tener, podría confirmar su afirmación, durante la ceremonia sentí que estaba conectada con mis pensamientos aunque no estuviera tan relajada ya que no sabía que tendría que hacer en cada momento. Como lo menciono el monje, así no se crea en ellos, los mantras funcionan. Posteriormente trató temas como los sacrificios unidos a creer en Krishna, el ser vegano por ejemplo, algo que he estado considerando últimamente con tanto video de PETA que sale en mi página de Facebook.

El último tema importante que trató fue el de la muerte y el mundo espiritual versus el material. Nos dijo una frase muy concreta sobre su perspectiva frente a la mortalidad: “Para los sabios la muerte es una bendición y una tragedia para los ignorantes”. Según él, los vaisnavas creen que el alma nunca muere y somos eternos, lo cual puede explicar la frase anterior, sin embargo, yo todavía no he decidido como me siento al respecto, o si siquiera me interesa saber que hay después de la morir, así que fue un tema controversial que se quedó en mi cabeza durante todo el trayecto de vuelta. Pero lo que más me gusto de todo lo que dijo fue su perspectiva del mundo material. Siempre he creído que la sociedad occidental está tan metida en el capitalismo que aunque tengamos al frente de nuestros ojos la razón de nuestros problemas, nunca nos vamos a dar cuenta que es el sistema económico el que envenena nuestros sentimientos, así que considero que religiones o comunidades como el hinduismo, el budismo y los Hare Krishna, están mucho más adelantados en el sentido espiritual y cuando el monje dijo “el mundo espiritual es néctar” confirmé una vez más mi creencia.

Asimismo, el tema final coincidió con un momento en mi vida donde la parte emocional no ha estado en total equilibrio, otra de las afirmaciones exponía al mundo espiritual o a la conexión con el mismo, como un estado donde ni la ansiedad ni los miedos irrumpían en el ser, últimamente estos dos sentimientos han estado muy presentes en mi vida, y me fui del templo pensando en manea de estar más en contacto conmigo misma y afrontar los cambios y retos que vienen en mi vida sin caer en crisis. La permanente sonrisa del monje argentino y la paz en sus ojos y lenguaje corporal me hicieron sentir feliz de haber pasado esa hora allí y de haber salido con una nueva perspectiva frente a cómo afrontar esos miedos del momento, esperando llegar a vivir y expresarme con la misma serenidad que él.

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