Eran las 6:26 y María José y yo corríamos para llegar al
templo de Sri Sri Goura Nitay también conocido como la Academia Vaisnava en la
Avenida Caracas con calle 32. Pensamos que llegaríamos tarde ya que la
actividad, según lo comentado por la señorita al teléfono, comenzaba a las 6 de
la tarde, sin embargo tuvimos que esperar casi media hora más para aprender de
la cultura Hare Krishna.
Por las fotos de internet y mi experiencia en los templos
budistas que visité en China, pensé que este templo sería amplio y silencioso no
obstante al llegar y ver a través de la dorada reja que resguardaba el
edificio, me di cuenta que podría no ser así, el ruido de la Caracas invadía el
ambiente tranquilo que las amarillas paredes y pequeñas estatuas de elefantes que
se notaban a primera vista, pretendían construir. Una vez dentro, confirmé mi desilusión,
los pasillos de piso naranja, el cual contrastaba con los altos techos blancos
con columnas adornadas, eran estrechos, el restaurante o tienda vegetariana se veía
descuidada y todo estaba desorganizado, incluso los cuadros con imágenes de la
diosa Caitana se encontraban chuecos.
En todo el frente del templo, ya traspasando la reja, se ubicaba la entrada con el nombre de la academia y una flor de loto pintada en la parte superior. Esta entrada conducía a unas escaleras descendentes que dirigían hacia un lugar subterráneo el cual se veía un poco sospechoso por lo que volteé junto a mi amiga hacia la derecha, encaminándonos al restaurante vegano. Nuestras expresiones de desorientación hicieron que una joven de estilo ‘alternativo’ o bohemio nos indicara donde se cantaban las govindas o mantras, para mi sorpresa, era bajando las escaleras de tan sospechoso aspecto que habíamos evitado hace segundos.
Al bajar, las escaleras nos encontramos dentro de un salón en
forma de ‘L’ inversa casi vacío, los techos eran mucho más bajos y las paredes
ahora, blancas. A la izquierda estaba el pequeño lugar donde haríamos la
ceremonia arctic, pero antes de pasar
a él debíamos dejar nuestros zapatos afuera, en unos anchos pero bajos estantes
de madera pintados de azul a lado y lado del pasadizo. Entramos a la sala, más
ancha que larga (mirando hacia el sur), la cálida y tenue iluminación de este
espacio junto al suave pero perceptible olor a incienso, contrastaban con el salón
donde habíamos estado hace segundos. En ambos extremos del lugar se hallaban
altares, uno con imágenes de monjes, seguramente importantes, adornados con velas
y flores y otro cercado por un hermoso trabajo en madera, escondido detrás de
una cortina café.
Los asistentes al evento
en el momento que llegamos eran un hombre y una mujer de aproximadamente
cuarenta años, rezando a los altares y dos jóvenes vestidos con las túnicas propias
de los krishna hablando de su experiencia en la comunidad vaisnava. Después de
unos minutos, otra mujer, también de 30 años, entró al salón y al hacerlo tocó
la campana que se hallaba al frente del pasadizo, cuando la vi hacer esto me
sentí apenada e ignorante, porque ni María José ni yo habíamos realizado esa
actividad al entrar, y por esta razón creo que recibimos las miradas de
sorpresa cuando llegamos, más adelante conoceríamos que este ritual se hace con
el fin de mantener lejos las malas energías y despejar la mente.
Mientras se hacían los govindas,
todos aplaudíamos y cantábamos respondiendo a los devotos, (algo así como un
salmo responsorial en el catolicismo), entre tanto, frente a nosotros el monje
dirigente dibujaba círculos en el aire con incienso, caracolas con incienso,
una rosa, algo parecido a un plumero de fibras naturales y una tetera llena de
agua. Se prolongó este ritual por más o menos 45 minutos donde el monje salió dos
veces para hacernos oler la rosa y rociarnos con un poco del agua de la tetera.
En medio de esto llegó una muchacha con una pashmina encima de su cabeza y falda
larga, verde y amarilla con diminutos apliques brillantes. Ella llamo mucho mi atención,
ya que, mientras los demás asistentes participaban con sus sosos aplausos y
ligeros movimientos, ella demostraba su entusiasmo y satisfacción de estar en
ese lugar a pesar de estar descalza sobre el charco formado por una filtración de
agua. A través de su pashmina podía vislumbrar la sonrisa que llevaba en su
cara cada vez que pronunciaba los mantras: “hare krishna, hare krishna,
krishna, krishna, hare, hare, hare rama, hare rama, rama, rama, hare hare”. Su
falda se movía de lado a lado al compás de los tambores que para ese momento ya
habían aumentado su tempo acompañados de una guacharaca y una tambora, fue muy
gracioso ver como los colombianos apropiamos todo lo que llega al país y le
agregamos una pizca de nuestro sabor y alegría a todo.
El último tema importante que trató fue el de la muerte y el
mundo espiritual versus el material. Nos dijo una frase muy concreta sobre su
perspectiva frente a la mortalidad: “Para los sabios la muerte es una bendición
y una tragedia para los ignorantes”. Según él, los vaisnavas creen que el alma
nunca muere y somos eternos, lo cual puede explicar la frase anterior, sin
embargo, yo todavía no he decidido como me siento al respecto, o si siquiera me
interesa saber que hay después de la morir, así que fue un tema controversial
que se quedó en mi cabeza durante todo el trayecto de vuelta. Pero lo que más
me gusto de todo lo que dijo fue su perspectiva del mundo material. Siempre he creído
que la sociedad occidental está tan metida en el capitalismo que aunque
tengamos al frente de nuestros ojos la razón de nuestros problemas, nunca nos
vamos a dar cuenta que es el sistema económico el que envenena nuestros
sentimientos, así que considero que religiones o comunidades como el hinduismo,
el budismo y los Hare Krishna, están mucho más adelantados en el sentido espiritual
y cuando el monje dijo “el mundo espiritual es néctar” confirmé una vez más mi
creencia.




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