martes, 14 de junio de 2016

Lunes trece


La clase empezó a eso de las nueve y veinte de la mañana luego de que se lograran arreglar

los problemas técnicos que tenía la sala de cómputo. Para empezar, el profesor pidió que

cada estudiante se presentara; pensé que esta dinámica sería igual a lo que he visto en las

demás asignaturas desde que estoy en primer semestre, pero lo propuesto por el docente fue

interesante y curioso, al menos para mí. El ejercicio propuesto consistía en realizar un

dibujo de un objeto que nos representara como individuos, no podía ser nada con vida como

un animal o una planta, debía ser inerte. Yo, siendo una persona familiar, que se siente y

trabaja más a gusto desde la comodidad de su hogar, decidí dibujar una casa grande, con

varias ventanas que dejaban ver hacia su interior la sala y la cocina. Una vez realizada la

ilustración, el profesor recogió las hojas y las volvió a repartir en desorden con el fin de que

cada uno diera una breve descripción escrita de la persona que hubiera hecho el bosquejo

incluyendo su personalidad, gustos u otros detalles que se pudieran deducir. La persona que

yo me debía referir había esbozado una navaja suiza con tres de las herramientas a la vista,

de esto pude percibir que este individuo era un hombre que le gustaba ayudar a los demás,

que era práctico, priorizaba el aspecto funcional, sobrio en su manera de vestir y muy claro

y conciso con sus ideas y al comunicarse.

Al terminar de hacer la pequeña definición, todos, mis compañeros y yo, devolvimos el

pedazo de papel nuevamente al profesor y este comenzó a leer lo que había escrito cada uno

sobre el dibujo. Mientras él hacía esto, nos hablaba de como los seres humanos

comunicábamos pequeños detalles de nosotros mismos en cada acción que realizábamos y

como, en el ámbito organizacional más específicamente, nuestro tipo de letra y trazo

brindaba información a los encargados de los procesos de selección para tomar decisiones

sobre los candidatos a determinado cargo o puesto de trabajo. Mi dibujo fue uno de los

primeros que presentó el docente, la niña que había hecho “mi perfil”, también llamada

Camila, me describió con gran precisión, aunque creo que según el modelo mental que

tenemos todos desde el colegio, la casa es donde está la familia por lo que no creo que haya

sido particularmente difícil descifrar que soy una persona apegada a mi hogar. No obstante,

me lleve una sorpresa cuando habló de mi inclinación por el diseño interior. Aunque si me

gusta, y bastante, no lo tuve en cuenta a la hora de hacer mi ilustración, pero como nos

explicaba el profesor, nuestras acciones dejan mucho que decir de nosotros mismos, aun

inconscientemente.

Cuando llegó el momento de leer lo que yo había escrito me sentí un poco nerviosa porque,

mientras todos mis compañeros comenzaron su descripción refiriéndose a una “persona”,

yo, sin pensar más a fondo, di mi juicio y determiné que el que había hecho la ilustración

era de género masculino, un “hombre”, así que pensé por un momento que si no fuera de

esa manera podría ofender a alguien. Sin embargo mi lectura fue acertada, efectivamente

era un hombre, cuya vestimenta encajaba lo descrito y según él mismo, las cualidades

expuestas también.

Este ejercicio tomo más o menos una hora, por lo que los últimos treinta minutos los

empleamos revisando el programa de la asignatura, los objetivos y temas que se verían

durante las próximas cuatro semanas, estableciendo la hora a la que se comenzaría la clase

o las “reglas de juego”, y definiendo cuales serían las tareas para el día siguiente y el resto

de la semana.

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