martes, 14 de junio de 2016

Martes catorce


Nuevamente el computador presentó problemas y Juan Sebastián, el profesor, debió invertir unos 20 minutos en buscar ayuda y lograr arreglar el problema. Durante esos 20 minutos yo no hacía sino debatir conmigo misma si debía ir por un café o no, estaba muy cansada y el frío era insoportable, no sé qué pasa con Bogotá, pero estos días, aunque el cielo esté azul y el sol brille en todo su esplendor, las temperaturas siguen siendo glaciales. Mi debate interno fue resuelto con la llegada del docente luego de su travesía por el edificio buscando la cura para el mal del computador.

Comenzamos la clase leyendo los escritos basados en lo ocurrido la clase anterior. Sebastián preguntó si alguno quería presentar el suyo, pero como es habitual la pena, o en este caso, el sueño creo yo, no permitió levantar las manos de mis compañeros y mucho menos la mía, que estaba atrapada dentro del bolsillo acogedor de mi saco. Por esta razón, el profesor decidió hacerlo aleatoriamente, o bueno, no tan aleatoriamente, eligiendo a los últimos estudiantes en enviar el documento a su correo. Mi amiga María Alejandra había olvidado enviar el suyo el día anterior, necesitando de su hermana para enviarlo desde su casa y en consecuencia, siendo casi las 9:30, ella había sido la última en entregar el pequeño texto de mínimo 600 palabras. Sin embargo, para suerte suya porque no estaba muy entusiasmada de ser la primera en tener su texto evaluado o revisado, otros dos muchachos enviaron los correos momentos antes mientras Sebastián trataba de poner en marcha el computador, razón por la cual sus textos serían los presentados en todas las pantallas de la sala y ahora mi amiga sería la encargada de leer el primero.

Cuando ella empezó a leer en  el texto pude darme cuenta sin mayor análisis, que el niño lo había hecho en poco tiempo, de pronto por la mañana antes de salir de su casa. En ese documento de Word habían muchas palabras subrayadas en azul, evidencia del poco tiempo empleado en corregir su narración, la cual no solo contaba lo que él había experimentado en la clase sino durante todo su primer día del intersemestral y cómo eran sus sentimientos al estar de nuevo en la universidad después de haber viajado dos años por el mundo por. El segundo texto leído estaba un poco mejor redactado, según mi perspectiva, pero copiando al compañero anterior, existían errores de ortografía como cátedra sin tilde.

Se presentó otro escrito más y luego fue hora de empezar a ver la investigación cualitaditva en forma. Primero el profesor nos invitó a configurar nuestras cuentas de correo con una firma estándar que se adjuntara a cada correo enviado desde ese momento en adelante. Sebastián dejo en claro la importancia de este pequeño detalle no solo en nuestra vida académica sino también en la profesional. Además hablamos de la netiqueta, las reglas básicas o el protocolo a seguir al comunicarnos a través de medios electrónicos como el e-mail. Algunos ejemplos mencionados fueron recordar siempre saludar al receptor y ser concreto y directo al redactar un mensaje. Posteriormente, debimos abrir un blog en la plataforma de Google ‘Blogger’ para tener un espacio durante las siguientes cuatro semanas donde pudiéramos subir todo el contenido relacionado con la asignatura, en especial, nuestros registros diarios, muy importantes dentro de las investigaciones cualitativas como lo explicó el profesor.


Por último, todos nos vinculamos a la red social Twitter o mejor dicho, nos reintegramos a ella. La verdad es que de mis amigos y conocidos de mi misma edad, o bueno de mi círculo social porque soy por lo menos dos años menor comparada con ellos, no hay muchos usuarios frecuentes de esta red social. ¿Cuál fue el motivo para utilizar esta metodología? Sebastián fue enfático en el poder de la comunidad y el voz a voz, en especial a través de los nuevos canales desarrollados con los avances tecnológicos, por tal razón, durante este periodo utilizaremos dichas herramientas para comunicarnos, no solo con el docente sino entre nosotros los estudiantes. Así concluyo la clase, por lo menos cinco minutos antes de las 11 am brindado el tiempo perfecto para tomar el tan necesitado café en compañía de mi amiga, María Alejandra. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario